Oídos y audición
El oído es el órgano de los sentidos que identifica, localiza e interpreta el sonido y ayuda a mantener el equilibrio. Se divide en oído externo, medio e interno
El oído externo, del que forman parte la oreja (o pabellón auditivo) y el conducto auditivo externo, presenta una piel recubierta de cartílago.
El conducto auditivo externo es un canal en forma de S que comunica con el oído medio; en los adultos mide aproximadamente 2,5 cm. Su estructura ósea y cartilaginosa está cubierta de una piel fina y sensible. .
El oído medio es una cavidad llena de aire en el hueso temporal. Contiene los huesecillos, tras pequeños huesos interconectados (martillo, yunque y estribo) que transmiten el sonido desde la membrana
timpánica a la ventana oval del oído interno.
El oído interno es una cavidad curvada membranosa localizada en el interior de un laberinto óseo, formado por el vestíbulo, los conductos semicirculares y el caracol o cóclea.
Nariz, nasofaringe y senos
La nariz y la nasofaringe aportan la vía de paso para el aire inspirado, humidifican, filtran y calientan el aire inspirado, identifican olores y aportan resonancia al aire de la laringe.
La nariz externa está formada por hueso y cartílago recubiertos de piel. Los orificios nasales, las aberturas anteriores de la nariz, están rodeadas por las alas cartilaginosas de la nariz y la columela.
La nariz interna está revestida por una membrana mucosa vascular con un recubrimiento grueso de pelos y secreciones mucosas, que retienen los residuos y bacterias del aire inspirado a la nasofaringe para la deglución o la expectoración. La nariz interna queda dividida por el tabique nasal en dos cavidades:
los vestíbulos.
Boca y orofaringe
La boca y la orofaringe liberan aire para la vocalización y para la espiración. También permiten el paso de los alimentos, los líquidos y la saliva (ya sea para la deglución o para el vómito); inician la digestión mediante la masticación de los alimentos y la secreción de las glándulas
salivales e identifican los sabores. La cavidad oral está dividida en la
boca y el vestíbulo.
Las glándulas salivales parótidas, submandibulares y sublinguales se localizan en tejidos que rodean la cavidad oral. La saliva que secretan inicia la digestión y humedece la mucosa.
Las encías, constituidas por tejido fibroso recubierto de membrana mucosa, están unidas directamente a los dientes, así como al maxilar superior y a la mandíbula.
La orofaringe, situada en continuidad de la nasofaringe, aunque por debajo de ella, está separada de la boca por los pilares amigdalinos bilaterales anterior y posterior. Las amígdalas, localizadas en la cavidad entre dichos pilares, presentan criptas en las que se acumulan residuos celulares y partículas de alimento.
EXPLORACIÓN Y HALLAZGOS
Equipo
• Otoscopio con sujeción neumática
• Espéculo nasal
• Depresores linguales
• Diapasón (frecuencias vocales aproximadas entre 512 y 1.024 Hz)
• Gasas
• Guantes
• Linterna, transiluminador de senos o luz del otoscopio
Oídos y audición
Oído externo
Inspeccione el tamaño, la forma, la simetría, los puntos de referencia anatómica, el color y la posición en la cabeza de las orejas.
Explore
las superficies lateral y medial y el tejido circundante, y tome nota del color y de la presencia de lesiones deformidades o nódulos. La oreja debe presentar el mismo color que la piel de la cara, sin manchas, quistes, lesiones, deformidades o nódulos.
Inspeccione el conducto auditivo externo para detectar una posible secreción y perciba el olor. Una secreción purulenta y maloliente se asocia a otitis externa, otitis media aguda perforada o cuerpo extraño En casos de traumatismo craneal, la secreción sanguinolenta o serosa se relaciona con una posible fractura craneal.
Palpe las orejas y el área mastoidea para evaluar la presencia de sensibilidad dolorosa, inflamación o nódulos. La consistencia de la oreja debe ser firme y móvil, y no han de existir nódulos. Si está
plegada hacia delante, debe ser recolocada fácilmente en su posición habitual. Presione suavemente el lóbulo; en caso de dolor, es posible que el conducto auditivo esté inflamado. La sensibilidad dolorosa o la inflamación en el área mastoidea son indicios de mastoiditis.
Exploración otoscópica
El otoscopio se emplea para inspeccionar el conducto auditivo externo y el oído medio. Seleccione el espéculo más grande que se ajuste con comodidad al oído del paciente. Sujete el mango del otoscopio entre los dedos pulgar e índice, ayudándose con el dedo medio (muchos médicos utilizan la mano derecha para el oído derecho y la izquierda para el contralateral). Dependiendo de sus preferencias,
la parte inferior del mango puede apoyarse sobre la palma de la mano o quedar en el espacio comprendido entre los dedos pulgar e índice.
Evaluación de la audición
El par craneal VIII es el que se evalúa para determinar el nivel de audición. El cribado de la función auditiva comienza cuando el paciente responde a sus preguntas e indicaciones. Anote cualquier dato, como, por ejemplo, el gesto de poner una mano detrás de la oreja cuando el
paciente escucha o cuando inclina la cabeza al hacerlo. El sujeto debe responder sin requerir que se le repitan excesivamente las frases que ha de pronunciar. Si habla con tono monótono y volumen errático es posible que padezca pérdida auditiva. Voz susurrada.
Pruebas de Weber y Rinne. El diapasón se emplea para comparar la audición por conducción ósea y por conducción aérea. Sujete el mango del diapasón sin tocar las puntas. Golpee sobre estas suavemente para hacerlas vibrar.
La prueba de Weber sirve para evaluar la pérdida de audición unilateral. Coloque la base del diapasón vibrante sobre la línea media de la cabeza del paciente. Pregúntele si escucha el sonido igual con ambos oídos o mejor con uno que con otro (lateralización del sonido). Intente no dar pistas al paciente sobre cuál es la mejor respuesta que debe dar. Lo idóneo es que escuche el sonido igual en
ambos oídos. Si el sonido está lateralizado, el paciente debe indicar qué oído es el que mejor lo percibe. Para evaluar la fiabilidad de la respuesta, repita el proceso manteniendo uno de los oídos del paciente tapado y pregúntele con qué oído escucha mejor. El sonido debe percibirse mejor con el oído ocluido.
Nariz, nasofaringe y senos
Nariz externa
Inspeccione
posible desviaciones forma, tamaño y color de la nariz. Observe los orificios nasales para detectar secreción, ensanchamientos o estrechamientos. La piel debe estar lisa, sin inflamaciones, y ser acorde al color del resto de la cara. La columela ha de situarse exactamente en la línea media y su anchura no debe exceder el diámetro de uno de los orificios nasales. Estos suelen ser de forma oval y tener una posición simétrica. Una depresión del puente de la nariz o una deformidad nasal en silla de montar pueden ser consecuencia de una fractura del hueso nasal o de una inflamación previa del cartílago
de la nariz. El ensanchamiento nasal se asocia a dificultad respiratoria, mientras que el estrechamiento de los orificios nasales en la inspiración en ocasiones es indicativo de obstrucción nasal crónica y respiración por la boca.
Entre las potenciales alteraciones asociadas a las características de la secreción nasal se cuentan las siguientes:
• Alergia: secreción acuosa bilateral, y estornudos y congestión nasal asociados
• Epistaxis o traumatismo: secreción sanguinolenta
• Rinitis o infección de las vías respiratorias altas: secreción bilateral mucoide o purulenta
• Cuerpo extraño: secreción unilateral, purulenta, densa, verdosa y con mal olor
• Fuga de líquido cefalorraquídeo: secreción acuosa unilateral después de un traumatismo craneal
Palpe el puente y los tejidos blandos de la nariz. Observe cualquier posible desplazamiento de hueso y cartílago, y detecte sensibilidad dolorosa o masas. Coloque un dedo a cada lado del arco de la nariz
palpando con suavidad, desplazando los dedos desde el puente hasta la punta. Las estructuras nasales han de percibirse firmes y estables a la palpación, sin crepitaciones. No debe haber sensibilidad dolorosa ni masas.
Evalúe la permeabilidad de los orificios nasales. Tape uno de ellos colocando un dedo en el lateral de la nariz e indique al paciente que inspire y espire con la boca cerrada. Repita el procedimiento en el otro orificio. La respiración nasal tiene que ser silenciosa y suave a través del orificio abierto.
Cavidad nasal
Utilice un espéculo nasal y una fuente de luz adecuada para inspeccionar la cavidad nasal. Sostenga el espéculo con la palma de una mano. Utilice la otra para modificar la posición de la cabeza del paciente. Introduzca el espéculo lentamente y con precaución.
Senos
Inspeccione las áreas de los senos frontales y maxilares para detectar una posible inflamación de los mismos. Para palpar los senos frontales utilice los pulgares, presionando sobre la ceja ósea a ambos lados de la nariz. A continuación, presione sobre las apófisis cigomáticas, y emplee los pulgares o los dedos medio e índice de cada mano para palpar los senos maxilares. No deben registrarse sensibilidad dolorosa ni inflamación de los tejidos blandos. Ambas son indicativas de infección u obstrucción.
Mucosa
oral, dientes y encías:
Pida al paciente que apriete
los dientes y sonría, de manera que usted pueda valorar la oclusión dental. Con
esta maniobra también se valora el nervio facial (par craneal VII). La oclusión
dental es adecuada cuando los molares superiores encajan en los surcos de los
molares inferiores, y los premolares y caninos coinciden plenamente. Son signos
de maloclusión y de problemas de mordida la protrusión de los incisivos
superiores (sobremordida), la protrusión de los incisivos inferiores, o la
ausencia de solapamiento de los incisivos superiores en relación con los
inferiores (mordida cruzada) o de coincidencia de molares (mordida abierta). .
La membrana mucosa debe tener un color rojo-sonrosado, ser lisa y estar húmeda.
Las encías deben ser de un
color rosa coral en los individuos de raza blanca y más pigmentadas en las
demás razas. Utilizando guantes, proceda a realizar la palpación de las encías
en busca de lesiones, induraciones, engrosamientos o masas. La encía debe
notarse tersa y firmemente unida al hueso subyacente. Efectúe la inspección de los dientes y
cuéntelos, tomando nota de posibles desgastes, muescas, caries y dientes
perdidos.
Cavidad
oral:
Efectúe la inspección del
dorso de la lengua y tome nota de si existe hinchazón, variación del color o
del tamaño, revestimiento o ulceraciones. Pida al paciente que extienda la
lengua hacia fuera mientras observa si existe desviación, temblor o limitación
del movimiento. La lengua ha de tener un color rojo mate, está húmeda y
brillante. La superficie de su porción anterior es lisa pero se vuelve áspera
por la presencia de papilas y pequeñas fisuras. La porción posterior debe
presentar arrugas o una superficie lisa pero ligeramente irregular, con una
mucosa más fina que la de la porción anterior. La lengua geográfica presenta
círculos superficiales denudados o áreas irregulares con exposición de las
puntas de las papilas. Palpe la lengua y el suelo de la boca en busca de
bultos, nódulos o ulceraciones. La lengua debe tener una textura suave y
uniforme, y no debe presentar nódulos, ulceraciones ni áreas de induración.
Pida al paciente que incline
la cabeza hacia atrás para efectuar la inspección del paladar y de la úvula. El
paladar duro, blanquecino, debe tener forma de cúpula con arrugas transversas.
El paladar blando, rosado, es contiguo al duro. La úvula, en la continuación de
la línea media del paladar blando, varía en cuanto a longitud y grosor. La
desviación de la úvula hacia un lado puede indicar parálisis del nervio vago o
un absceso periamigdalino.
Orofaringe:
Realice la inspección de la
orofaringe utilizando un depresor lingual para bajar la lengua. Las amígdalas,
generalmente del mismo color rosado que la faringe, deben encajar dentro de los
pilares amigdalinos. Igualmente, pueden presentar criptas, donde se depositan
detritos celulares y partículas alimentarias. Si están enrojecidas,
hipertrofiadas y cubiertas de exudado, es posible que exista una infección. La
pared posterior de la faringe debe mostrar una mucosa rosa, lisa y brillante,
con algunas pequeñas manchas irregulares de tejido linfático y pequeños vasos sanguíneos.
Tras preparar al paciente para un reflejo nauseoso, toque la pared posterior de
la faringe. El desencadenamiento del reflejo permite valorar los nervios
glosofaríngeo y vago (pares craneales IX y X).
Lactantes
Oídos:
Los oídos, la nariz, la boca
y la garganta son las localizaciones más frecuentes de malformaciones
congénitas en el recién nacido y requieren una exploración completa. La oreja
debe estar bien formada, con todos los puntos de referencia anatómica
identificables mediante inspección. La oreja del neonato es muy flexible, pero,
tras doblarla, recupera su forma al instante. Las orejas del lactante prematuro
pueden tener aspecto aplanado, con escasa curvatura en la parte superior, y
tardan más tiempo en recuperarse después de ser dobladas. Para el cribado de la
audición, utilice una campanilla, susurre o frote los dedos para producir los
estímulos sonoros y compruebe si el lactante responde al sonido y no al
movimiento del aire que pueda provocar. Recuerde que las respuestas a
estímulos sonoros repetidos disminuyen a medida que el niño se habitúa al
estímulo.
Nariz y senos:
Es previsible que la nariz
externa tenga un aspecto simétrico y esté situada en la línea media de la cara.
Debe observarse movimiento mínimo de las ventanas nasales al respirar.
Efectúe la inspección de la nariz
interna inclinando suavemente la punta de la nariz hacia arriba con el pulgar e
iluminando el interior con una linterna. En los lactantes es posible que se
observen pequeñas cantidades de secreción de líquido transparente cuando lloran.
Los senos paranasales están poco desarrollados en el lactante, por lo que, en
general, su exploración es innecesaria.
Boca:
Los labios deben estar bien
formados, sin hendidura. La mucosa oral debe mostrarse rosa y húmeda, con
almohadillas de succión pero sin otras lesiones. Raspe cualquier mancha blanca
visible en la superficie de la lengua o de la mucosa oral con un depresor
lingual. Las manchas no adherentes suelen ser depósitos de leche, mientras que
las adherentes pueden indicar un infección por candidiasis. El babeo es
frecuente entre las 6 semanas y los 6 meses de edad, hasta que el bebé aprende
a tragar saliva. La lengua debe quedar perfectamente alojada en el suelo de la
boca. El frenillo suele fijarse en un punto a medio camino entre la superficie
ventral de la lengua y la punta. Si la lengua no sobresale más allá de la
cresta alveolar, pueden producirse dificultades en la
alimentación. El arco del paladar debe ser abovedado, sin hendiduras ni en el
paladar blando ni en el duro. Un paladar estrecho, plano o muy alto y arqueado afectará a la posición de la lengua y dará
lugar a problemas de alimentación y del habla.
Niños
Dado que el niño pequeño a
menudo se resiste a las exploraciones otoscópicas u orales, en ocasiones es
conveniente posponer estos procedimientos para el final. Si el niño se resiste
activamente a la exploración en otras posiciones, colóquelo en posición supina
sobre la mesa de exploración. El progenitor sujetará los brazos del niño extendidos
por encima de la cabeza y ayudará a inmovilizarle la cabeza.
Oídos:
Cuando efectúe la exploración otoscópica, tire
de la oreja hacia abajo y hacia atrás, o hacia arriba y hacia atrás, para
obtener la mejor visión posible de la membrana timpánica. A medida que el niño
crece, la forma del conducto auditivo cambia, hasta adoptar la forma en S del
adulto. Si el niño está o ha estado llorando, la dilatación de los vasos
sanguíneos en la membrana timpánica puede causar enrojecimiento de la misma. Cuando valore la función auditiva de un niño
pequeño, pronuncie palabras que tengan un significado especial para él.
Nariz
y senos:
Para efectuar la inspección
de la nariz interna, empuje la punta de la nariz hacia arriba con el pulgar, al
mismo tiempo que ilumina su interior con una linterna. Si se hace necesario
visualizar un área más amplia, puede utilizarse el espéculo más grande del
otoscopio.
Mujeres
gestantes:
La mujer embarazada presenta
un incremento de la vascularización de las vías respiratorias, que da lugar a
edema y eritema de la nariz y de la faringe, así como a congestión nasal. La
mayor producción de estrógenos conduce a un aumento de las secreciones mucosas
nasales y, a menudo, durante el embarazo, se registran síntomas de resfriado.
En ocasiones se producen hemorragias nasales. La membrana timpánica puede
presentar una mayor vascularización y tener aspecto retraído o abombado, con
líquido seroso.
Adultos
mayores
Oídos
y audición:
Si el paciente lleva un
audífono, efectúe la inspección del conducto auditivo en busca de áreas de
irritación provocadas por el dispositivo insertado en el oído. A menudo, en la
periferia de la oreja, hay pelos gruesos. A edades avanzadas, es posible
observar cierto grado de pérdida auditiva neurosensorial (presbiacusia).
Nariz:
La mucosa nasal puede
mostrarse más seca y menos brillante de lo normal. Es habitual el aumento del
número de pelos gruesos en el vestíbulo, especialmente en los hombres.
Boca:
Los labios presentan un
mayor número de marcas verticales y parecen más secos cuando el flujo salival
es menor. La mucosa oral es más fina, está menos vascularizada y es menos
brillante que en los adultos más jóvenes. La lengua puede parecer más fisurada
y las venas de su superficie ventral aparecen a veces varicosas. Con
frecuencia, los dientes naturales están desgastados, con acortamiento de la
corona y alteración del grosor del esmalte. Es posible que existan caries y
restauraciones dentales deterioradas. Puede que los dientes parezcan más largos
debido a resorción de la encía y del hueso, lo cual deja al descubierto las
raíces de los dientes.
Anomalías:
Otitis
media con derrame y aguda: Inflamación del oído medio que da lugar
a la acumulación de un líquido seroso, mucoso o purulento (derrame) cuando la
membrana timpánica está intacta.
Otitis media con derrame. A.
Oído medio lleno de líquido seroso; obsérvense el aspecto abombado y el reflejo
luminoso distorsionado. B. Niveles hidroaéreos en el oído medio. C. Otitis
media aguda. Obsérvense la protrusión de la membrana timpánica, la dificultad
para ver los puntos de referencia óseos y la distorsión del reflejo lumínico.
Otitis
externa: Inflamación del conducto auditivo y de la superficie
externa de la membrana timpánica.
Colesteatoma:
Tejido
epitelial atrapado por detrás de la membrana timpánica que, a menudo, es el
resultado de una otitis media recurrente o no tratada.
Pérdida
auditiva:
Pérdida
de audición conductiva: Transmisión reducida del sonido hacia el
oído medio.
Pérdida
auditiva neurosensorial: Descenso de la transmisión del sonido en
el oído interno.
Enfermedad
de Meniere (hidropesía endolinfático): Trastorno de pérdida
auditiva progresiva que, en algunos casos, es hereditario.
Vértigo:
Sensación
de movimiento rotacional, a menudo debida a un trastorno del oído interno.
Senos:
Sinusitis:
Infección
bacteriana de uno o más senos paranasales.
Boca
y orofaringe:
Faringitis
aguda: Infección de las amígdalas o de la faringe posterior por
microorganismos.
Absceso
periamigdalino: Infección profunda en el espacio entre el
paladar blando y la amígdala.
Absceso
retrofaringeo: Infección que supone una amenaza para la
vida y que se localiza en el espacio faríngeo lateral, con riesgo de oclusión
de las vías respiratorias; más frecuentes en niños.
Cáncer
oral: Cáncer que afecta a la cavidad oral o a estructuras
relacionadas.
Enfermedad
periodontal: Infección crónica de encías, huesos y otros
tejidos que rodean y sostienen el diente.
Labio
leporino y paladar hendido: Esta frecuente malformación
craneofacial congénita es el resultado de la falta de fusión del labio o del
paladar durante el desarrollo, antes de la semana 12 de la gestación.










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